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Has leído libros, sigues cuentas, te has formado. Pero por la tarde, con el ruido, las prisas y el cansancio, acabas gritando. Y luego viene la culpa. Y te prometes que mañana será distinto. Pero mañana llegas igual de agotada.

Te hierve la sangre por cosas pequeñas. Saltas a la mínima. Te oyes y no te reconoces. Intentas hacerlo “mejor” cada día, pero tu cuerpo no puede más y reacciona solo, antes de que te dé tiempo a pensar.

Respirar, contar hasta diez, validar emociones, los 4 pasos para gestionar “rabietas”… Todo suena genial. Hasta que son las siete de la tarde, tú llevas 10 horas sin parar y tu peque no quiere entrar en la ducha. En este momento, lo que menos necesitas es más tips o consejos, necesitas entender qué os está pasando y por qué

Te acuestas con un nudo en el pecho pensando: "¿Y si ya es demasiado tarde?" Te preocupa que tu peque se quede solamente con los gritos, con la tensión y con esa versión tuya que no te gusta nada.. Quieres hacer las cosas de otra manera. Y estás a tiempo.
Y no, no soy madre. Llevo más de 10 años metida en el barro de la crianza, todos los días, con familias de verdad.
He trabajado en gabinetes, en escuelas, en casas. He visto a peques tirarse al suelo, morder, gritar, pegar. Y he visto a madres increíbles sentirse las peores del mundo por perder la paciencia cada tarde.
Soy asesora de crianza y doula especializada en neuropsicopedagogía. Comencé mi camino profesional como logopeda, y pronto entendí que antes de cualquier aprendizaje están las emociones y el sistema nervioso. Y también aprendí de mi propia historia: fui una niña especialmente sensible en un entorno con poca paciencia, y eso marcó mi forma de mirar la infancia.
Hace unos años, mientras trabajaba en una escuelita activa, atravesé una crisis personal que me hizo cuestionarlo todo. Y, ¿sabes qué descubrí? Que puedes saber toda la teoría del mundo, pero si tu cuerpo está agotado y tu vaso está lleno, no hay técnica que funcione. Por eso no te voy a dar más tips sueltos. Te voy a ayudar a entender por qué reaccionas gritando sin querer y cómo comenzar a cambiarlo para fortalecer vuestro vínculo.
No hablo desde la superioridad. Hablo desde lo que he vivido, lo que he visto y lo que vivo cada día con las familias que me confían lo más importante que tienen.

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